El presidente de brasil, Jair Bolsonaro, recibe una bendición durante el festival organizado por una estación de radio evangélica local el 2 de julio de 2022 en Río de Janeiro
En estos últimos años toda Latinoamérica ha sido testigo de un gran crecimiento de las iglesias evangélicas, las cuales no solo han granado una gran influencia en el entorno religioso, sino también político. Específicamente en países como son Brasil, Guatemala y específicamente Perú, se puede observar como es que distintos pastores evangélicos se han convertido en congresistas, candidatos o asesores políticos.
Este fenómeno no ha sucedido de la noche a la mañana. En el contexto latinoamericano donde el Estado se debilita cada vez más rápido y la población ha perdido la total confianza en los partidos tradicionales, estas iglesias ofrecen un espacio de esperanza, orden, comunidad y servicio. Lamentablemente, el problema comienza cuando estas iglesias tratan de imponer sus creencias y moral religiosa en las políticas públicas, como por ejemplo la educación sexual, derechos reproductivos o los derechos relacionados a la comunidad LGBTQ+.
Un ejemplo claro es en Brasil, donde el presidente Jair Bolsonaro recibió un gran apoyo por parte de la comunidad evangélica y varios de sus discursos incluyeron amplias referencias religiosas para poder justificar sus políticas conservadoras. Otro ejemplo es en Perú, donde existen congresistas evangélicos que se han encargado de promover leyes que buscan eliminar la educación con enfoque de género y frenar los distintos avances en derechos civiles.

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